jueves, 19 de abril de 2018

REFUTACIÓN DEL BURDEL DE NAVA CITAREA LACUNENSIS

LA REFUTACIÓN DE DOS AFIRMACIONES SOBRE EL JARDÍN DE NAVA



El pasado 15 de diciembre de 2017, bajo la firma del inquieto e ilustrado luchador Carlos Silva,  el rotativo Diario de Avisos publicaba un artículo titulado El Jardín de Nava o la ‘Citerea lacunensis en el que, apoyado en la obra de José de Olivera Mi álbum, nos habló del supuesto uso licencioso al que Alonso de Nava-Grimón y Benítez de Lugo, VI Marqués de Villanueva del Prado y X Director de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, destinó su propiedad de la calle Anchieta. 

Por si las palabras contenidas en el artículo silvano no fueran suficientemente directas, el nunca polémico Francisco Pomares las recalcó con otra crónica que hizo pública tres días después; en esta ocasión El Día y con el título de El burdel de Navas, también cimentada con el libreto de José de Olivera. 

Nosotros no tenemos opinión sobre este tema, no como Entidad. Pero sí creemos en el derecho a la disidencia y en la justa refutación documentada. Por lo que acogemos, sin ser un tema ajustado a las materias que nos son propias, la réplica que nuestro amigo, el abogado e investigador José-Luis Machado y Carilla nos hace llegar.

No hay nada en juego, qué duda cabe, pero no dejamos de imaginarnos a nuestros tres protagonistas, Silva, Pomares y Machado, reunidos en pública tertulia en un cálido gabinete. 

Dada las secuencias de esta historia, creemos necesario ofrecerle la lectura previa de los dos escritos citados (lo que esperamos que no sea del desagrado de sus autores) para dejarlos después con las palabras de José-Luis Machado y Carilla.


El Jardín de Nava o la ‘Citerea lacunensis

Sr. D. Carlos Silva Heuschkel

Diario de Avisos 15/12/2017

Había una vez un jardín en la lagunera calle Anchieta, esquina con Tabares de Cala. Un vergel que ha pasado a la historia por el rebumbio de haber sido el recinto donde se reunió en 1808 la Junta Suprema de Canarias ad maiorem gloriam Ferdinandi VII. La historia, maquillada con afeites patrióticos, tuvo aquí su exaltación del rey felón, a pesar de los intensos debates de las élites tinerfeñas para decidir qué era mejor para sus faltriqueras: incorporarse a Francia, ser protectorado inglés o parte de alguna de las antiguas colonias americanas. El jardín ya no existe… Solo queda su recuerdo con fogosos sesgos de glorias históricas y una placa marmórea posterior desvanecida con los años, que ha venido a ser complementada por otra de broncíneas y reales refulgencias. Pero el jardín fue mucho más que eso… 

La propiedad, adquirida por Tomás de Nava en 1765 (en la época de la Tertulia), fue transformada por su hijo, Alonso de Nava y Grimón (1757-1832), VI marqués de Villanueva del Prado, en torno a 1820, en un célebre lupanar. No obstante, su recuerdo se ha esfumado de los grandes fastos lacunenses. Es, sin duda, nuestra Citerea insular, donde el libertinaje podía dar rienda suelta a sus desbordantes fantasías, lugar de grandes orgías y pingües bacanales. ¡Vicio y fornicio a la romana! Sí… ¡En La Laguna tuvimos también a nuestro marqués de Sade! Entre aromas de inciensos y pachulí, mixtura de petit palais parisién y diván otomano, que deleitaba a Nava, las fluidas conversaciones de caballeros con hermosas meretrices, empolvadas al uso de la época, se combinaban con el uso de fustas y otros juguetes, que intensificaban la libido de los desenfrenados concurrentes. Las pupilas de Venus, como en un cuadro de Watteau, complacían los apetitos carnales de los lugareños y foráneos, en un jardín a la francesa diseñado a la sazón por Louis Le Gros, unos años antes, según figura en el dibujo de Prebendado Pacheco de 1809. Peces de todos los tamaños pululaban en su estanque central con fondo de ladrillos de flamantes colores; embriagantes flores con largos y tiesos pistilos adornaban los parterres del jardín, con estructuras geométricas que transmitían todo tipo de lúbricas ensoñaciones, entre pequeños paseos de enhiestos árboles. En el interior de la casa de dos pisos, con galerías de orden jónico y un recreativo billar, se apostaban fastuosas mesalinas, solazadas en juegos eróticos de diversa índole. 

José de Olivera describe con estas primorosas palabras a aquellas daifas que dieron cobijo a insignes laguneros y extranjeros, a la vez que suponían una “entradita” a Alonso de Nava, endeudado hasta las cejas por su alto tren de vida: “En él tuvo sus sesiones y oficinas la Junta Central del año de 1808. Después se formó de él una casa privada de recreo, con juego de billar, etc. Luego se convirtió en una logia de orgías; los forasteros se refugiaban a él, donde se alojaban y se reunían, para pasar días de solaz y, sobre todo, fue templo de la diosa del Placer, de la Venus popular, en cuyas aras iban a celebrar sus sacrificios no pocas personas de alto tono, sin que pueda exceptuarme de haber sido atraído allí muchas veces por algunas cistóforas de la deidad”. 

A finales de los años 20 del siglo XIX la mancebía de Nava entraba en decadencia. Entre 1829 y 1835 se transformó en academia de Música. El sucesor del marqués, Tomás de Nava y de las Cuevas, hombre de pocas luces y abandonado de la muy placentera Euterpe, musa melódica, decide demoler la casa para hacer un plantío de papas. El condumio antes que esas incompresibles veleidades del espíritu… A finales de 1967 se derribó lo que quedaba del recinto y se erigió el actual edificio moderno. El olvido… La casa de lenocinio, el divino Marqués… Todo borrado… A la placa de bronce que hoy reluce, harto decorativa, habría que añadir una apostilla: Hic Citarea lacunensis fuit. 

El tres en la prostitución. Es el número de años que faltan para que se cumplan doscientos de los gastos financieros del ambiente “ilustrado”. Es el lugar en el mundo que ocupa España como país en “consumo” de prostitución, después de Tailandia y Brasil. 

Si consideramos cuatro posibles jinetes del apocalipsis, en los tres donde se mueve más dinero, comparándolo con los gastos públicos de los países organizados, son: la prostitución, las drogas y la industria del armamento. Madre e hija de los anteriores, “el hambre” se conforma como el cuarto jinete. 

La prostitución disminuirá cuando los “puteros” dejen de consumir los “servicios” y se alejen de este modelo “machista”. ¿Utopía? sí; y es uno de los puntos de partida ineludible para reducir esta esclavitud.


El burdel de Navas

Sr. D. Francisco Pomares

El Dia 18/12/2017

A principios de la semana pasada, el director de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, nuestro ilustre José Carlos Alberto, antiguo rector lagunero, y el alcalde José Alberto Díaz colocaron al alimón una placa conmemorativa en el edificio donde se ubicaba el Jardín de Nava, para recordar a los vecinos y paseantes laguneros la antigua existencia de ese jardín del XVIII, hoy desaparecido, que fue diseñado por el pintor Luis Le Gros y cuya planta ha llegado a nosotros gracias al plano realizado por el canónigo y prebendado Antonio Pereira Pacheco. Tanto el presidente de la Real Sociedad como el alcalde, que participaron en un acto organizado para recordar el 240 aniversario de la fundación de la Real Sociedad, y al que asistieron los alumnos de Primaria del colegio Nava y Grimón, insistieron en la importancia de velar por el pasado y preservar la memoria. 

Aunque no estuvieron precisamente muy finos, la verdad: el Jardín de Nava, también conocido como "del Marqués de Villanueva del Prado", en reconocimiento a su propietario, fue el lugar donde se celebraron varias sesiones de la Tertulia de Nava, y parte de las reuniones de la Junta Suprema de Canarias. Pero se le recuerda también por otras cosas: la propiedad, que había sido adquirida por Tomás de Nava en 1765, fue transformada por su hijo, Alonso de Nava y Grimón, sexto marqués de Villanueva del Prado, en un reconocido lupanar que abrió sus puertas a principios de 1820, y que se convirtió en el de más célebre nombre y recuerdo de la isla de Tenerife, por ser frecuentado por todos los notables locales. Y es que el sexto marqués gastaba mucho dinero, y entre las actividades que el hombre puso en marcha para mantener su costoso tren de vida, resultó muy próspero el burdel de Nava, al que se refiere José de Olivera, en su obra "Mi álbum", un diario interesantísimo que recoge un montón de cotilleos y chismes laguneros del siglo XIX. El diario, publicado en los años 80 por el Cabildo de Tenerife, puede hoy consultarse por internet. Si cualquiera de los dos Albertos -el exrector o el alcalde- lo hubieran hecho, sabrían por Olivera que tras ubicarse en ese lugar las oficinas de la Junta y desarrollarse allí parte de sus sesiones, "se formó de él una casa privada de recreo, con juego de billar, etc. Luego se convirtió en una logia de orgías; los forasteros se refugiaban a él, donde se alojaban y se reunían, para pasar días de solaz y, sobre todo, fue templo de la diosa del Placer, de la Venus popular, en cuyas aras iban a celebrar sus sacrificios no pocas personas de alto tono, sin que pueda exceptuarme de haber sido atraído allí muchas veces por algunas cistóforas de la deidad." 

Ahora, a la mancebía de Nava le han puesto su placa y todo. Va a ser cierto el dicho que asegura que el paso del tiempo convierte en honorables a los viejos edificios, a los hombres públicos y a las mujeres de mal vivir. Supongo que si el sexto marqués se hubiera levantado de su tumba, se habría muerto de nuevo de risa al escuchar al exrector y al actual alcalde santificando cívicamente para la posteridad, y en presencia de un coro de angelicales niños de Primaria, el lugar donde estuvo la casa de putas más conocida de la historia de Canarias.


Refutación del burdel de Nava Citarea Lacunensis

Origen de la imágen

Sr. D. José-Luis Machado y Carilla

Al preparar la presentación del trabajo Auge y Ocaso de la casa de Nava y Grimón en sus fuentes documentales, me advirtieron de la desazón que había causado un artículo publicado el 18 de diciembre de 2017 en el DÍA.ES en la sección «A BABOR FRANCISCO POMARES, titulado «El burdel de Nava». 

Que como piedra que rebota en las tranquilas aguas de la laguna fue consecuencia del publicado tres días antes, el 15 de diciembre, por Carlos Silva en el periódico el Día titulado «El Jardín de Nava o la ‘Citerea lacunensis’». 

Se trata en ambos de seguir al libelista José de Olivera, empleado que fue del Ayuntamiento de La laguna a las órdenes del alcalde don Tomás de Nava y Pérez de Barradas, VII marqués de Villanueva del Prado. 

Donde se puede leer: «la propiedad, que había sido adquirida por Tomás de Nava en 1765, fue transformada por su hijo, Alonso de Nava y Grimón, sexto marqués de Villanueva del Prado, en un reconocido lupanar que abrió sus puertas a principios de 1820». 

Don Alonso de Nava nació el 3 de noviembre de 1757, heredando a su padre en el mayorazgo cuando tenía 22 años. Así que, en 1820, cuando ambos periodistas Silva y Pomares, cita que se abrió el lupanar tenía 63 años. 

Su salud era quebradiza, y aún así su tiempo lo ocupaba el Jardín Botánico de Aclimatación de la Orotava del cual era superindentente por nombramiento de Carlos III, cuya residencia la había fijado en la Hacienda de San Clemente, en Santa Úrsula, desde cuya residencia dice así al final de su amplio informe de despedida: «Éste ha sido el objeto constante y final de mis propósitos y de mis esperanzas, y el día en que yo vea que no han sido perdidos mis trabajos, ni los medios que sin dudar de haber empleado de otra manera y según mi inclinación, a beneficio de mi Patria y mis semejantes, y en el que pueda entregar todavía vivo este Jardín y ponerlo a disposición del Gobierno, con la fundada persuasión de que aquellos que, a la verdad, eran muy reacios por último a realizarse, este día se cumplirán todos mis votos y me creeré galardonado con la mayor de las recompensas. Terminado de redactar en la Hacienda de San Clemente, Santa Úrsula, 26 de marzo de 1823. Fdo. Alonso de Nava Grimón, marqués de Villanueva del Prado». 

En dicha residencia permaneció hasta que el 21 de mayo de 1826, en que recibió la venia del Rey para retirarse de la dirección del Jardín Botánico, donde el duque del Infantado le comunica: «el Rey nuestro señor, ha dispuesto que en caso de que el marqués de Villanueva del Prado no pueda absolutamente tener a su cargo el Jardín de Aclimatación que hasta ahora ha dirigido se ponga al cuidado de una Sociedad Económica». 

El 20 de mayo de 1829, sintiéndose completamente arruinado, en carta a su nieto del mismo nombre da una explicación a los asuntos financieros de su casa diciendo: «Inexplicable e incalculable es cuánto me ha perjudicado la falta de formalidad y de exactitud en mis apuntaciones y en la conservación y arreglo de mis cuentas y de otros documentos. Muchas cosas y algunas de no poca consideración, he tenido que pagarlas dos y tres veces, mil créditos he perdido en el transcurso del tiempo o por la indolencia y confusión de casi todos mis dependientes o encargados que me han engañado… y algunos de los más inmediatos han librado su fortuna a mi costa». 

Debido a los achaques de salud públicos y notorios que padecía, perdiendo la movilidad en sus piernas, falleció el 1 de abril de 1832 a los 72 años. 

Puesto en un contexto histórico, reinaba Fernando VII hasta el 29 de septiembre de 1833, en que le sucede la Reina Gobernadora doña María Cristina, en la minoría de edad de Isabel II. De manera que cuando José de Olivera escribió MI ÁLBUM: 1858 a 1862, habían pasado 38 años. 

Hay un texto significativo que el que a continuación reproduzco: «En 1858 el Alcalde de Santa Cruz, José Luis Miranda y Sánchez le hace saber al Oficial primero del Ayuntamiento de La Laguna, José Olivera, que “el Capitán General desea establecer en La Laguna un palacio permanente de veraneo para poder traer a él en esta temporada algunas oficinas y aun subir los días de invierno que le diese la gana, fundamentalmente cuando llega a Santa Cruz algún extranjero». 

¿Qué pinta el oficial primero del Ayuntamiento de La Laguna en todo esto? 

Continúa: «Se añadía al escrito que las autoridades y las personas más influyentes de La Laguna debían de cooperar a ello, “allanando cualquier dificultad o proporcionando una buena casa, aunque no estuviese en muy buen estado, a fin de que el Capitán General la compusiese al efecto, a cuenta de los alquileres[1]. Se le consiguió la casa de Castilla para establecer tal residencia y sobre la que se gastó de 12 a 15.000 reales para acondicionarla[2]». 

Continúa Olivera: «La Orotava también despertó cierto interés por parte de las autoridades isleñas. El Gobernador civil de la provincia y Capitán general interino, Joaquín Ravenet y Marentes, solicitó en julio de 1861 del gobierno que se declare a La Orotava capital de verano y pide autorización para construir en ella un palacio «con todas las comodidades y decoros debidos»[3]

Lo cual es falso, pues 1860, solo fue gobernador civil Joaquín Ravenet, pues el comandante general de Canarias era el general Narciso Ametller. 

En realidad, lo que hace Carlos Silva y luego Francisco Pomares es reproducir un libelo muy posterior a los hechos que relata el libelista José de Olivera refiriéndose al Jardín que él llama lupanar: 

«Por último, aquí fue donde establecimos, por los años de 1829 a 1835, nuestra Academia de Música. Aquí nos reuníamos por las noches a tocar y muchas privilegiadas familias iban a oír nuestras piezas desde los paseos del jardín y las graderías del edificio». 

Para rematar su resentimiento, cuando ya había fallecido don Alonso, menciona con el descaro con que dejar ver su texto: 

«Este punto, aunque algo descuidado por su dueño, el fastuoso y gran marqués de Villanueva del Prado D. Alonso de Nava y Grimón, donde casi diariamente iba con su coche y descansando en sus graderías daba un respiro de sus tareas literarias, negocios de su casa y de público interés; su sucesor, el reverso de la medalla, el actual marqués, D. Tomás de Nava y de las Cuevas[4], por un crimen de lesa razón y buen gusto, mandó, habrá cosa de diez años, a demoler en él la pintoresca casa, para plantar el sitio de papas, juntamente con el jardín. ¡Que me digan si no tuve razón cuando hice de este caballero la pintura que se merece! Conocida es de muchos, entre otras, mi fábula del Cochino, publicada en el «Folletín», periódico que salía en Santa Cruz por los años del 36 al 40, en la que retrataba a este personaje». 

Carlos Silva, llama a don Tomás de Nava y Cuevas, desconociendo que fue apelativo al que se refiere Olivera en cuanto le adjudica como segundo apellido CUEVAS, a don Tomás, haciendo un juego de palabras porque la hermana de don Alonso, doña Agustina, contrajo matrimonio con su sobrino Juan Castrillo Ezeysa y Nava, marqués de la Cueva del Becerro. Para componer con mala baba la fábula del Cochino en el pasquín que se editaba en Santa Cruz llamado EL FOLLETÍN, y que refiere a que don Alonso visitaba la Botica de Buitrago, donde compraba sus medicinas, contigua a la escribanía de don Miguel Cullen, a la que también iba por pertenecer al Partido Moderado[5]

Dice así la fábula: 

«Contóme una vez mi abuela, que allá en los remotos siglos, cuando los brutos hablaban y hasta el cerdo era ladino, sociedad común haciendo con los hombres de más juicio, había ya, sin embargo, aunque huela a anacronismo, boticas, tiendas, billares y hasta de escribano oficios. Pues señor, como decía, el animal referido a un bando contraviniendo de buen gobierno, el maligno, casi siempre de tertulia a la botica se vino y aunque nunca su torpeza sacar pudo algún partido de lo que decir oyera a sus tertulios condignos, ni menos compreender el provechoso destino del embudo, la retorta, matrás y otros utensilios, con todo gustaba mucho de verse allí reunido, porque el lomo le rascaban sus predilectos amigos, sin duda con la esperanza de alcanzar algún trocillo». –Refiriéndose al marqués–. -cuando otra cosa no fuese de su abundante tocino. Pues, señor, como decía, que del cuento es lo más lindo, oyó un día el eco agudo, este cerdo montesino, y el armonioso trinado de un canario pintacilgo, y con la trompa en el suelo, aplicando los oídos, el cuadrúpedo se queda torpemente confundido». 

Lo cual evidencia que si se sitúan los dos artículos publicados en diciembre de 2017 en los más importantes Diarios de Tenerife que no se sitúan en las coordenadas de la realidad histórica por varios motivos: 

Por el tono moralizante de Silva, confundiendo el jardín francés, creado para pasar veladas ilustradas: música, cultura, tertulias y entretenimiento, y si nombra al divertido prebendado Pacheco y su estampa del jardín francés del barón Jean Baptiste Louis Gros 1793 – 1870, que le regaló al prebendado Pacheco, muy aficionado al chiste fácil y a las exageraciones teatrales, decir que Gros fue un fotógrafo y diplomático francés que pasó por canarias camino de América, donde realizó famosos daguerrotipos. El cual nació en 1793, hijo de un empleado de la Duquesa de Borbón. Diplomático en 1823 destinado a Lisboa desde donde recorrió la Macaronesia y llevó al daguerrotipo a América. 

Concluyo con la reflexión que la edad tiende a convertir a las personas de cultura en más sabios y respetuosos con nuestros ancestros, sobre todo si son de la talla de últimos Navas. Comprendiendo su tiempo como una apertura gozosa a las luces, la ilustración y la mejora de las condiciones de vida de los canarios. 

Ya tuvieron ellos sus Oliveras, y sus curas de sermón fácil amenazando con el infierno de fuego eterno y crujir de dientes, para que ahora surjan estos articulistas moralizantes, entrados en edad gozosa, hablándonos de la maldad intrínseca del erotismo y la sexualidad.


Si queremos escuchar a D. José-Luis Machaco y Carilla podemos hacerlo en el siguiente enlace:



[1] Olivera, José. Mi álbum, 1858-1862. Instituto de Estudios Canarios. La Laguna, 1969. Pág., 71.
[2] Misma obra página 78.
[3] Misma obra y página.
[4] Se burla de su segundo apellido Pérez de Barradas.
[5] Página 158 del propio Olivera.



martes, 17 de abril de 2018

IMÁGENES DE UN CONGRESO: "LA CASA DE LOS ROJAS. SUS LINAJES EN ESPAÑA"

Cuando José-Luis Machado y Carilla nos habló de las relaciones de la Casa de Rojas con los señores de Canarias.

La Casa de los Rojas debe su nombre a la villa de Rojas, en Briviesca, de Burgos, pero este punto de confluencia es tratado de diferente manera por don Luis Salazar de Castro Alonso López de Haro. Necesidad de ajustar la genealogía al rigor histórico. Además de la relación de Rojas con los señores de Canarias.








lunes, 16 de abril de 2018

IMÁGENES DE UN CONGRESO: "JOSEFA DE ACEVEDO: EL TESTAMENTO DE UNA MUJER DEL S. XVIII"

En nombre de M. Mercedes Chinea Oliva, ausente por enfermedad, José Antonio González Marrero expuso el análisis del testamento de Josefa de Acevedo. En lo que podemos considerar un serio ejemplo de análisis histórico desde la perspectiva de género. 

Josefa de Acevedo es el ejemplo de una mujer que, como tantas otras, activó una faceta trabajadora en el hogar y fuera de él. El testamento que otorgó es el caso de una mujer que acumula a lo largo de su vida un bagaje económico producto de su actividad personal.




sábado, 14 de abril de 2018

IMÁGENES DE UN CONGRESO: "Tras las huellas de la emigración canaria en Cuba conservadas en cientos de registros del archivo parroquial de San José de Arroyo Blanco y Jatibonico".

Cuando Miguel Ángel Fernández González nos habló de ir "Tras las huellas de la emigración canaria en Cuba conservadas en cientos de registros del archivo parroquial de San José de Arroyo Blanco y Jatibonico".

La importancia de los canarios en la zona de Jatibonico relaciona las islas con un amplio período de emigración a Cuba. Los archivos parroquiales son la muestra que se utiliza en este trabajo para sacar a la luz la cantidad de canarios que buscaron en este lugar un refugio para mejorar su futuro.